¡Todavía estoy aquí! Una nueva filosofía para el cuidado del Alzheimer

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¡Todavía estoy aquí! Una nueva filosofía para el cuidado del Alzheimer

SIETE REGLAS PARA CONSTRUIR UNA RELACIÓN

Hoy, 21 de septiembre y Día mundial del Alzheimer, voy a exponer algunas ideas y mensajes sobre esta enfermedad recogidas en el libro de J. Zeisel y titulado “Todavía estoy aquí”. Se trata de una visión realista y optimista de esta enfermedad. En palabras del autor “es un visión del vaso algo más que medio lleno”.

A lo largo de este libro Zeisel nos ayuda a comprender con profundidad esta enfermedad a las personas que la padecen y los aspectos que deberemos tener en cuenta al relacionarnos y al cuidar de ellos.

Nos explica el deterioro que sufre la persona enferma y el modo en que este afecta a sus recursos, sus capacidades y sus vivencias. Nos sitúa en su mundo interno ayudándonos a comprenderles mejor y a actuar más eficazmente. Pero también nos explica las capacidades y habilidades que no se ven dañadas y que nos servirán de apoyo en la comunicación y en la nueva relación que estableceremos con ellos.

En el séptimo capítulo Zeisel reúne siete reglas para construir una relación con las personas enfermas de alzheimer:

  • No sea como una piedra; responda, no reaccione. Woody Widrick, ministro de la Iglesia Unitaria de Carlisle, Massachusetts, daba una vez al año un sermón sobre no ser como una piedra. Decía que si le dabas una patada a una piedra, esta reacciona y se mueve. La piedra no piensa, solo va en la dirección de tu patada. Siempre que la gente reacciona ante las situaciones sin pensar, se están comportando como las piedras. Ser como una piedra en la relación con las personas que viven con el Alzheimer significa que cuando ellos se enfadan, usted se pone a la defensiva y se enfada también. “Responder” en lugar de “reaccionar” implica pararnos a pensar y tratar de comprender lo que sucede para elegir la respuesta más adecuada. Por ejemplo, ante los síntomas habituales (las cuatro As) de agitación, ansiedad, agresividad y apatía, es necesario averiguar lo que está frustrando, inquietando o asustando a quien vive con Alzheimer para calmarle con serenidad, firmeza y cariño.
  • Permanecer presente. Debido al aumento de la sensibilidad emocional de la persona que vive con el Alzheimer, cualquier cosa que usted haga en su presencia le afectará. Si usted está presente para ella durante toda la interacción, la persona también lo estará. Estar presente y pendiente mejora su capacidad de responder en lugar de reaccionar ante lo que la persona haga y expresa ternura, cariño y amor. La persona al sentir estas emociones se relaja y muestra menos agitación, ansiedad y agresividad.
  • Ayudar sin restar autonomía. Las personas con Alzheimer van necesitando cada vez más ayuda para vestirse, arreglarse, lavarse, comer, salir y caminar. Los cuidadores suelen comenzar a hacer las cosas por ellos y cuanto más hacen, más rápido aprenden ellos a mostrar indefensión y este es el camino seguro hacia la apatía. Por el contrario, cuanto más tiempo sea autosuficiente la persona que vive con el Alzheimer y cuanto más y mejor controle el resultado de sus acciones, más tiempo les durarán las habilidades y más satisfecha y realizada se sentirá.
  • Utilizar todos los sentidos. No hable mucho. Una persona con Alzheimer, tiene los centros cerebrales del lenguaje dañados y no le entenderá bien. Tampoco le resultará fácil explicarse y no será consciente de ello. Aunque las palabras “ya está la cena” no signifiquen mucho para ella, las pistas no verbales relacionadas con los demás sentidos pueden transmitirle que es la hora de cenar: el olor que sale de la cocina, el ruido de los platos y cubiertos, el movimiento en la cocina y en el comedor, una cucharada de sopa que alguien le da para que la pruebe. Un abrazo, una palmadita en la espalda o un beso siempre transmiten el amor y el afecto mejor que las palabras.
  • Encontrar las habilidades especiales de la persona. Al envejecer, con o sin Alzheimer, no perdemos ciertas habilidades que nos distinguen y que asociamos con lo que somos. Cosas como hacer punto, tocar el piano, leer en voz alta para otros, pintar o trabajar en el ordenador. Encontrar estas habilidades únicas y ponerlas en práctica en actividades compartidas despierta esa parte de la persona que le relaja y le permite tranquilizarse.
  • El principio del “Yo” en el “Nosotros”. El estudio del crecimiento espiritual nos enseña que una parte importante de nuestra búsqueda espiritual y nuestro crecimiento personal se basa en la comprensión sentida y profunda de quiénes somos y de nuestra pertenencia y conexión con las demás personas y con todos los seres vivos. Como la imagen de sí mismos se ve afectada y dañada en las personas con Alzheimer, ayudarles a desarrollar una identidad plural y un sentimiento de unión con los demás puede reducir su sufrimiento.
  • Seguir el ritmo del día. La persona que vive con Alzheimer puede tener dificultades para planificar una secuencia de tareas para mantenerse ocupada todo el día. Establecer un ritmo diario de actividades que entretengan su mente, su cuerpo y su espíritu le ayudará a llevar una vida más normal. Tres o cuatro comidas al día, aseo, salidas, contacto social y actividades de diferente intensidad que implican el uso de diversas capacidades, es a lo que estamos acostumbrados. Cuanto mejor refleje la regularidad de un día normal, a la vez que su complejidad, el día de una persona con Alzheimer; más fácil resultará conseguir que se implique, mantener su atención y reducir su ansiedad, agitación, agresividad y apatía.

 

 

 

2015-09-21T16:23:29+00:00septiembre 21st, 2015|Familia, Psicología adultos|0 Comments

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