Nacer y morir cada día

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Nacer y morir cada día

Morir cada día representa un modo de vivir intensamente con los cinco sentidos y centrados en el aquí y el ahora.

Si amaneces. Si te despiertas cada día pensando que será el último. Si realmente imaginas y te atreves a pensar que hoy puede ser tu último día. Lo vivirás de un modo diferente a si piensas que es solo un día más. Te preguntarás cómo deseas vivirlo y qué cosas deseas hacer. Quizás te reúnas con tus seres queridos y les digas lo que sientes. O quizás te animes a hacer cosas que siempre deseaste hacer y nunca te atreviste. En cualquier caso, podrás hacer y vivir un día muy, muy especial.

Morir cada día también significa volver a nacer al día siguiente y poder empezar de nuevo. Empezar amistades, descubrir lugares, aprender una cosa más. Morir cada día te permite vivir tantas vidas como días permanezcas vivo.

 

Al despertar es el principio. Traes la huella del ayer pero todo comienza de nuevo. Las primeras horas del día equivalen a tu niñez. Tienes temores y también proyectos, ilusiones y esperanzas. Vives el misterio la espontaneidad y la vitalidad del niño. Pasan las horas y llegas al medio día. Estás en la juventud. El mundo es tuyo. Sueñas, amas y vives apasionadamente. No eliges, más bien pruebas esto y aquello pasando por todo. Hacia el almuerzo entras en la madurez. Tu experiencia es mayor. Algunos sueños y proyectos los has cumplido y otros no. Eres más sabio y más selectivo. Yerras menos y aprendes más de tus errores. Ya en la tarde va surgiendo en ti el hombre o la mujer madura con un camino a sus espaldas. Con algunas ideas claras y un modo de ser y estar ya establecido. Cae el sol y envejeces. El pasado, lo vivido en el día, tiene un gran peso en tu existencia. Reflexiva, sabia, valoras cada minuto la vida propia y haces juicios sobre lo vivido.

 

El final del día se acerca. El sol se esconde. La luz se extingue. Desaparece. Te recoges. Así como viviste el día, así afrontas la noche y llegas al sueño.

Si viviste con intensidad, si compartiste y te diste a otros, si amaste y perdonaste; te sentirás satisfecha y tranquila. Posiblemente te acerques al sueño al descanso, compartiendo y dándote a otros. Quizá con un cansancio gustoso. Y si el día fue baldío y ocioso. Si no hubo lucha, esfuerzo y momentos especiales de placer y de asombro; si no hubo sueños y proyectos o si estos no los perseguiste. Si reinó el temor y el abandono. Si no hubo camino, riesgo y emoción. Entonces la noche y el sueño llegarán quizá como un alivio, una huida, pero los últimos momentos, el final del día y de la vida, serán mustios, tristes, pasivos.

 

Querido lector, querida lectora ¡Pruébalo! ¡Hazlo hoy!

Pregúntate – ¿Y si hoy fuera el último día de mi vida? ¿Y si además lo supiera? ¿Qué haría y cómo lo viviría?

Trata de vivir de este modo. Arriesgando y abrazando la vida a cada instante. Saboreando cada momento.

2015-04-20T19:14:34+00:00febrero 4th, 2015|Sin categoría|0 Comments

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