La sinceridad, su conquista y sus frutos

//La sinceridad, su conquista y sus frutos

La sinceridad, su conquista y sus frutos

 

  • Introducción

Si prestamos atención a las pequeñas mentiras que decimos a lo largo de un día, comprobaremos que son más de las que creemos. Nuestros hijos, siempre atentos, aprenderán que mentir es bueno o conveniente en ciertas ocasiones. Muy pronto sorprenderemos a nuestros hijos mintiendo y crecerá la desconfianza entre nosotros y ellos. Para ganar en sinceridad e integridad hay una estrategia sencilla y que funciona que consiste en crear “pequeños momentos de verdad”. Ante ciertas situaciones cotidianas donde asoma la duda a nuestra conciencia podemos decirnos algo así como: ¿qué siento verdaderamente respecto a este asunto? y seguidamente escucharnos y actuar.

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  • Una experiencia personal

Juan, nombre ficticio, me explicó que tenía una hija de 3 años, Sara, que llevaba varios días desobedeciendo y enfadándose por todo. Había comenzado a manifestar rabietas y Juan no entendía lo que podía sucederle.

Me contó que estaban esperando un segundo hijo desde hacía tiempo. Por fin llegó el día en el que su mujer, Cristina, quedó embarazada y todos se pusieron muy contentos. Cuando estaba en el segundo mes de gestación, hubo problemas y el embrión murió. Juan y Cristina se pusieron muy tristes pero no dijeron nada a su hija por no herirla.

Yo comprendí enseguida lo que estaba sucediendo y le dije. Mira Juan, imagina que tienes 3 años y estás esperando un hermanito con mucha ilusión. De pronto tus padres, que estaban felices y entusiasmados, comienzan a comportarse de un modo extraño. Están tristes, hablan menos, cuchichean cuando creen que tú no les oyes y en ocasiones parece que estuvieran contentos, pero hay algo raro en sus expresiones. No son las de siempre, les falta naturalidad. Tú no comprendes lo que sucede. Ya no se habla del nuevo hermanito. Tu mundo; que es tu familia tus padres y tu hogar, ha cambiado y tú lo percibes y lo sufres sin llegar a ser del todo consciente y sin comprenderlo, comienzas a sentirte mal y lo manifiestas en tu conducta. Eso es lo que le sucede a tu hija Sara.

Lo que debes hacer Juan – continué diciéndole – es hablar con tu hija y explicarle con palabras sencillas lo que ha sucedido con su hermanito. Escucharle y responder a sus preguntas.

Juan y Cristina lo hicieron y a los pocos días su hija había dejado de llorar por todo y había vuelto a su conducta habitual. En la casa de Juan, ya nadie debía fingir emociones ni estados de ánimo. No había un tema tabú del que nadie podía hablar. Al contrario, cuando su hija traía el tema de su hermanito, sus padres hablaban con naturalidad de ello expresando su tristeza y compartiendo su pena. A los pocos meses, Cristina volvió a quedar embarazada y esta vez su embarazo llegó a término y un nuevo hermano se unió a esta familia. Juan y Cristina aprendieron lo importante que es ser sinceros y no fingir sentimientos ni estados anímicos.

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  • Reflexiones y consejos

La culpa por haber actuado mal y el miedo a la reacción de los padres son las causas más frecuentes por las que los niños mienten. Por ello cuando detectamos posibles mentiras debemos buscar una comunicación que transmita a nuestros hijos que les vamos a ayudar y que pueden confiar en nosotros.

“Si me dices la verdad, no solo no pasará nada sino que te sentirás más tranquilo y podremos ayudarte a rectificar, se trate de lo que se trate.”

Las mentiras pesan y nuestro hijo debe aprender que mentir no le compensa y que confesar la verdad no conlleva amenaza ni castigo. No obstante, sí debemos actuar cuando nuestros hijos revelen su mentira explicando las posibles consecuencias y preparando una forma de rectificar o de reparar los posibles daños. De lo contrario, nuestros hijos pueden pasar de las pequeñas mentiras a otras mayores.

Para prevenir estas dificultades es importante crear un clima familiar de confianza mediante una buena comunicación que nos permita conocer lo que sucede en el mundo interior de nuestros hijos. Para lograrlo deberemos comenzar nosotros compartiendo algunas vivencias cotidianas antes de preguntar a nuestros hijos por las suyas. De este modo nos damos a conocer y les invitamos a abrirse ellos también mediante el ejemplo y sin presiones.

Hay momentos especiales en los que nuestros hijos están más dispuestos a conversar y compartir sus sentimientos, deseos y preocupaciones. Uno de ellos es en la noche, antes de dormirse, ya en la cama. Otro, en alguna salida de casa cuando estamos solos con él o ella en entornos naturales donde nadie nos escucha. Si son varios hermanos, podemos hacer salidas o buscar momentos especiales con cada uno en los que nuestros hijos puedan disfrutar de nuestra compañía y de nuestra persona por completo y en exclusividad. Un tercer momento, es cuando nuestro hijo manifiesta arrepentimiento después de haber actuado mal. Preguntar, escuchar y ayudarle a ver las consecuencias de sus actos es necesario y bueno. Además, explicarle cómo debe actuar en adelante en estas situaciones y asegurarnos de que lo ha comprendido. Por ultimo, podemos pedirle un compromiso verbal en el que nuestro hijo/a nos afirme que va a actuar como hemos acordado y nosotros le indiquemos que vamos a estar muy atentos a sus progresos. Después, hacerlo estando atentos a sus pequeños cambios positivos y nombrándolos cuando sucedan.

2015-07-31T07:27:24+00:00julio 31st, 2015|Sin categoría|0 Comments

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